Los dos refugios de valor de la moneda fiat, el oro y la plata, han sufrido el mayor desplome en una sola sesión de su historia. El oro se llegó a dejar cerca de un 10% y la plata hasta un 35%. Caídas que se han continuado amplificando con el transcurrir de las siguientes sesiones.

El mayor desplome del oro y la plata en una sola sesión

¿Qué es lo que pasó exactamente? ¿Estamos ante un fin de ciclo, o ha sido una maniobra política la que ha provocado el margin call de muchos inversores?

Las razones propias de todo crash bursátil

En todo crash, sea de bolsa, de materias primas, Bitcoin o el activo que sea, siempre existen razones internas y externas. Las primeras tienen relación con el propio juego de los mercados financieros, mientras que las segundas son el detonante que en realidad ha provocado la caída.

Conozcamos todos los motivos.

El ultra apalancamiento en metales preciosos

Ocurre que cuando un activo financiero sube de forma muy parabólica, -y tanto el oro como la plata lo habían hecho unas pocas sesiones antes del crash- la propia lógica hace pensar en una caída severa, debido al enorme volumen de posiciones apalancadas. Al final, muchas posiciones se habían abierto con fuerte volumen pero con pocas garantías detrás, porque se trataba de dinero prestado de los brokers.

¿Y qué ocurre? Que por el detonante que sea -que más adelante veremos-, cuando el precio empieza a caer y muchos inversores institucionales no pueden devolver ese dinero que han pedido prestado, se ven obligados a cerrar sus posiciones.

Y cuando eso pasa, se produce el siguiente fenómeno.

Margin call, y short squeeze

Entonces, hemos dicho que muchos inversores no compraron oro y plata solo con su propio dinero, sino pidiendo “prestado” al broker para invertir más. Por ende, mientras el precio siguiera subiendo no pasaba nada, y las ganancias se continuaban multiplicando.

Pero lo de siempre… El problema es que, cuando el precio baja un poco, las pérdidas también se multiplican, y muy rápido. Y entran en escena los llamados margin calls (o llamadas al margen). Es decir, cuando el precio empieza a caer, el broker alerta al inversor a que ingrese más dinero para reestructurar sus incipientes pérdidas, promediando un precio a la baja.

¿Pero qué pasa cuando el inversor ya no tiene ese dinero extra? Sencillamente, el broker vende automáticamente esa posición (en este caso en oro o plata) que tenía. Y esas ventas forzadas hacen que el precio baje aún más, provocando nuevos margin calls a otros inversores. Y en general, creando una reacción en cadena llamada long squeeze, o estrangulamiento de posiciones largas.

Y el trigger o detonante

Hasta aquí es sencillo, todo crash bursátil viene precedido por las mismas causas intrínsecas. Apalancamiento excesivo, caídas por el motivo que sea, y estrangulamiento de los últimos agentes que entraron apalancados, obligándoles a cerrar posiciones. Pero claro, ¿Qué ha provocado esa rotura? En pocas palabras, la clásica palabrería de Trump que después acaba en nada.

Y es que el presidente de los EEUU hizo público el nombre de su candidato, Kevin Warsh, para presidir la Reserva Federal una vez finalice el mandato de Jerome Powell (mayo 2026), y el mercado reaccionó de forma inmediata ante el enésimo giro de guión de Trump.

¿Por qué algo así afecta al oro y a la plata? Porque estos metales no solo se mueven por oferta y demanda física, sino sobre todo por las expectativas sobre el dólar, los tipos de interés y la política monetaria futura. Y claro, con lo insistente que ha sido Donald Trump durante el último año con bajar los tipos de interés y flexibilizar el endeudamiento, aunque ello supusiera nueva inflación, todo el mundo descontaba que el nuevo presidente de la FED sería alguien afín al propio Trump.

Un giro de timón más en la política de Trump

Pero no, todo lo contrario. Warsh, el nuevo presidente nominado por el magnate de Nueva York, es conocido por su rigor monetario a la hora de interpretar los datos. En consecuencia, su nombramiento podría haber sido interpretado por los inversores como una señal de que la Reserva Federal podría adoptar una postura menos expansiva de lo que se descontaba hasta ese momento. En otras palabras, menos facilidades para endeudarse, menos tolerancia a tipos de interés reales negativos y, en general, una política monetaria más estricta.

Y a partir de aquí, el mensaje implícito es claro. Menor creación de dinero, menor deterioro del dólar, son sinónimos de menor necesidad de refugiarse en activos como el oro y la plata. Por ende, esa simple revisión de expectativas -tras el anuncio de Trump contra todo pronóstico- bastó para provocar una primera caída de precios. A partir de ahí, como ya hemos visto, el apalancamiento, los margin calls y el long squeeze hicieron el resto del trabajo, amplificando el movimiento hasta convertirlo en un desplome histórico.

Aun así, todavía es muy pronto para hablar de fin de ciclo de los metales preciosos. Habrá que estar expectantes a las próximas ruedas de prensa que dé quien será el nuevo gobernador de la FED, para ver cómo piensa manejar la política monetaria, una vez asuma posesión del cargo.