Tal vez hayas oído eso de que la renta variable de EEUU ha conseguido unos retornos a lo largo de las décadas de en torno al 8% – 9% de forma anualizada. Pero, ¿sabías que no todas las empresas llegaron a crecer en ese porcentaje?  De hecho, tan solo una minoría muy selecta es la que ha conseguido quedarse con todos los retornos que ha empujado el global de la renta variable de EEUU durante los últimos 100 años. Y precisamente por ello son las estrategias ampliamente diversificadas las que han ganado peso entre los inversores a largo plazo.

La bolsa crea riqueza… pero de forma muy concentrada

En 2018, Hendrik Bessembinder, profesor de finanzas de la Universidad Estatal de Arizona, publicó un estudio que debería ser lectura obligatoria en todos los colegios de finanzas del mundo. Del total de las 26.000 acciones que habían cotizado en la bolsa de EEUU entre 1926 y 2016, solo 86 eran las elegidas que habían creado cerca de la mitad de toda la riqueza bursátil. El resto, hablamos de más de 25.900 compañías, a lo largo de las décadas habrían empatado con un depósito al 3% de rentabilidad. Y lo que es peor, cerca del 58% de ellas no logró batir a las letras del Tesoro a lo largo de toda su vida en bolsa. Es decir, más de la mitad de las compañías ofrecieron una rentabilidad inferior a la de un activo considerado libre de riesgo.

Es más, la vida media de una empresa cotizada es relativamente corta. De media una compañía permanece en la bolsa en torno a siete u ocho años. Después, desaparece del mercado por quiebra, absorción o pérdida de relevancia.

En resumen, prácticamente toda la riqueza neta generada por la bolsa estadounidense en esos 100 años procede del 4% del total de empresas que la compusieron. O lo que es lo mismo, solo un número ínfimo de acciones explica una parte desproporcionada de las ganancias acumuladas del mercado.

¿ETF globales o el arte de invertir?

Por ello, la respuesta lógica a una creación de riqueza tan concentrada ha sido la indexación global. Así es como nacieron los ETF.

Por ejemplo, existen ETF que replican índices como el MSCI ACWI, que cubre el 85% de la capitalización bursátil mundial. A través de este producto, puede invertir, de forma simultánea, en miles de empresas de decenas de países, partiendo de que las futuras «grandes creadoras de valor» estarán dentro de la cartera sin tener que anticiparte. Los resultados han sido incuestionables: tiene una rentabilidad media del 8% durante los últimos treinta años, reflejo del crecimiento económico global y de la magia del interés compuesto.

Traducido a números, esto significaría que de invertir 300€ al mes desde los 30 años, al 8% anual, a los 65 años tendrías algo más de 680.000€. De los cuales solo habrías puesto de tu bolsillo 126.000€.

¿Dónde está el truco?

Pero claro, esta estrategia tiene un matiz crítico que a menudo se subestima. Diversificar ampliamente no elimina el riesgo de mercado. En momentos de crisis sistémica, la renta variable global puede sufrir caídas profundas y rápidas, con descensos superiores al 30% o incluso al 50% en periodos relativamente cortos.

Por ello, invertir, sea en acciones ganadoras, o en “todo el mercado”, exige integrar una estrategia coherente que permita detectar ciclos adversos para salirse fuera a la espera de que pase el mal momento, solo para volver a entrar una vez todo el conjunto de los inversores consideren que vuelve a ser una buena oportunidad.