Con el 90% de la oferta ya minada, la supervivencia de la red depende ahora de que Bitcoin deje de ser oro digital y recupere su función original: ser dinero.
Durante más de una década, Bitcoin funcionó según una lógica en la que los mineros competían para validar bloques de transacciones mediante la prueba de trabajo (PoW), obtenían bitcoins como recompensa, y los vendían en el mercado para cubrir los enormes costes energéticos de su operación. Era un ecosistema en equilibrio, donde la emisión de nueva moneda sostenía económicamente la seguridad de la red. Ese modelo, sin embargo, está llegando a su fin natural. Y lo que viene después podría enfrentar a Bitcoin con sus propios profetas: «Con el 90% del suministro total ya circulando, el incentivo de minar está próximo a desaparecer. La red necesita reinventarse o correr el riesgo de perder a sus guardianes históricos, los holders.»
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El criptoinvierno que no llegó a helar
Los anteriores ciclos bajistas llegaron a devastar el precio de Bitcoin en más de un 80% (incluso 90% o más), dejando a su paso quiebras de exchanges, proyectos abandonados y una narrativa de colapso definitivo que se repetía puntualmente.

El criptoinvierno más reciente, en cambio, ha sido notablemente menos cruel. Las caídas se han mantenido en torno al 50%, lejos del dramatismo histórico, lo que ya empieza a ser interpretado como una señal de madurez del mercado con una base de inversores más sólida.
Por supuesto, no se descarta una última sacudida de mercado antes del próximo ciclo alcista, pero el consenso apunta a que no alcanzará la virulencia de anteriores episodios. No obstante, la gran pregunta no es donde Bitcoin alcanzará su mínimo durante este ciclo, sino entender que su tesis de inversión ha cambiado. Por tanto, la gran incógnita es saber qué ocurrirá cuando los incentivos que han sostenido su seguridad durante quince años dejen de ser suficientes.
Esta será la nueva tesis de inversión de Bitcoin
Tras el próximo halving en 2028, la recompensa por minar un nuevo bloque se reducirá de nuevo a la mitad. Es decir, a 1,56 BTC por bloque minado.
| Futuros halvings | BTCs creados por bloque |
BTCs creados por día
|
| Halving 2024 | 3,125 | 450 |
| Halving 2028 | 1,5625 | 225 |
| Halving 2032 | 0,7812 | 112,5 |
| Halving 2036 | 0,3906 | 56,25 |
Pero, con el 90% de los bitcoins ya en circulación, las pruebas de trabajo serán cada vez más complejas y consumirán cantidades ingentes de energía para generar recompensas cada vez menores. O dicho de otro modo, el modelo de negocio de los mineros tal como se ha conocido dejará de ser sostenible.
En consecuencia, si Bitcoin quiere sobrevivir, deberá de entenderse bajo una nueva tesis de inversión. Y es la de que los mineros pasen a financiarse principalmente a través de las comisiones por validar transacciones comerciales, tal y como en la actualidad hacen redes de pago como Visa (V) o Mastercard (MA). Esto implicaría que Bitcoin, por fin, cumpliría con la función social para la que fue concebido por Satoshi Nakamoto: ser un medio de cambio entre personas, completamente descentralizado, y que pueda operar sin intermediarios.
Bitcoin se enfrenta a una gran paradoja
Y aquí surge la gran paradoja que puede acabar asesinando a Bitcoin. Hasta ahora, veíamos Bitcoin como un activo de inversión en sí mismo. Algo parecido a acumular oro debajo de colchón, y esperar a que se revalorice, sin más. Ellos serán su mayor peligro, los holders, porque podrían ser quienes acaben estrangulando el flujo de transacciones del que dependerá la supervivencia económica de la propia red que protege su inversión.
Por ejemplo, Michael Saylor, fundador de Strategy (MSTR) y uno de los mayores evangelistas institucionales de Bitcoin, acumula en el balance de su empresa más de 750.000 bitcoins que permanecen inmóviles. Y el propio fundador de Bitcoin, Satoshi Nakamoto, algo más de un millón. Curiosamente, lo que hasta día de hoy fue un gesto revolucionario de confianza en el activo, podría convertirse en una amenaza sistémica para la red que lo sustenta. Por ende, la ironía histórica está servida. Quienes más han contribuido a llevar Bitcoin a la narrativa del oro digital del siglo XXI podrían convertirse, a partir de ahora, en el principal freno para su evolución hacia lo que siempre debió ser: dinero real, que circula y se usa.
Solo así la criptomoneda reina podrá sobrevivir para el final de esta década.
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