La solvencia es la capacidad que tiene una persona, institución o empresa para cumplir con sus deudas y compromisos financieros a largo plazo, dando cuenta de su salud financiera y, en el caso de las empresas, su sostenibilidad operativa. Ésta se deduce examinando el patrimonio neto: la diferencia entre los activos y los pasivos de los que se dispone.

La solvencia en resumen

  • La solvencia es fundamental, ya que da cuenta de la capacidad para cumplir con las deudas y mantener las operaciones en el futuro. Es una cuestión de la confianza que se trasmite.
  • Ésta se deduce del patrimonio neto disponible, que es la diferencia entre activos y pasivos.
  • Es un fiel reflejo de la salud financiera de la empresa o institución, ya que define si será capaz de perdurar en el tiempo y ampliar sus horizontes.
  • Hay una diferencia fundamental entre solvencia y liquidez: ambas se refieren a la capacidad para afrontar obligaciones; la primera, las que son a largo plazo, y la segunda, las que son a corto plazo.
  • Todos los sectores tienen un ratio de solvencia: esto nos permite contextualizar la solvencia de una empresa en su sector, a fin de determinar mejor su salud financiera.

¿Qué es la solvencia?

La solvencia se refiere a la capacidad para afrontar deudas y compromisos financieros a largo plazo. Para los inversores es fundamental saber si una empresa es solvente, por obvios motivos: sus expectativas de crecimiento dependen de ello.

La solvencia es la capacidad que tiene una persona, institución o empresa para cumplir con sus deudas y compromisos financieros a largo plazo.

La forma más rápida de calcular la solvencia es mediante la diferencia entre activos y pasivos, es decir, conociendo su patrimonio neto:

Patrimonio neto = activos – pasivos

Cuando una empresa tiene un patrimonio neto negativo, algo muy común, se puede decir que es insolvente. Esto quiere decir que no tiene auténtico valor contable, e incluso puede suponer pérdidas para los pequeños empresarios, especialmente si no tienen responsabilidad limitada en caso que haya de cerrar. Y es que, cuando una empresa, por el motivo que fuere, ha de cesar sus operaciones, ha de liquidar todos sus activos y saldar todos sus pasivos, restando el patrimonio neto.

Pero entonces, ¿ser insolvente implica tener que cerrar mi empresa?

No, y de hecho, en determinadas situaciones empresariales es muy común:

  1. Cuando una empresa está en fase de desarrollo.
  2. Cuando se pone una startup en marcha.
  3. Cuando una empresa ha salido recientemente a bolsa.

Problema mayor sería no disponer de liquidez, ya que no se podría operar. No obstante, son dos conceptos interrelacionados, y hay que cuidar de ambas cuestiones. En cualquier caso, aunque se sea insolvente, mientras se tenga liquidez, se pueden seguir generando flujos de caja que acaben por estabilizar la situación a futuro.

Hay determinados acontecimientos que pueden minar el patrimonio de una empresa, incluso en las de mayor solidez. Desde la pérdida de patentes hasta cualquier cambio en la regulación puede quebrar ese equilibrio que sostiene a una compañía. Qué duda cabe, además, de lo lesivo que puede resultar recibir una sanción o multa económica muy gravosa.

Diferencia entre solvencia y liquidez

Como hemos comentado, la solvencia no es lo mismo que la liquidez:

  • La solvencia se refiere a la capacidad para responder ante deudas a largo plazo.
  • La liquidez se refiere a la capacidad para responder ante deudas inmediatas.

La liquidez se refiere al efectivo, que es lo que permite operar a una compañía en el día a día. Aunque es fundamental, porque sin liquidez no puedes operar, no disponer de ella no supone estar en quiebra. Podría ser que el activo no corriente -el dinero invertido- sea superior al corriente -dinero disponible-. En caso de no disponer de liquidez, pero si disponer de activos no corrientes, habría que desinvertir para poder afrontar los pagos cotidianos.

El ratio de solvencia

Conocer el desempeño de una empresa es fundamental para decidir si lanzarte o no a invertir en ella, o bien, concederle un préstamo. A tal fin, se utilizan una gran cantidad de indicadores económicos para conocer bien la evolución de la empresa y sus posibles en el futuro. A nivel interno es esencial para poder tomar las mejores decisiones a fin de sostener y mejorar una buena situación, o salvarla si no es halagüeña. En este sentido, el ratio de solvencia es un indicador básico para determinar la salud financiera de la compañía.

¿Qué es el ratio de solvencia?

El ratio de solvencia es un indicador que refleja la capacidad de pago de las deudas y compromisos a futuro de una empresa. Con él, se puede determinar si una empresa tiene problemas de salud financiera. Por tanto, se trata de una de las métricas más importantes dentro del mundo emprearial.

Ratio de solvencia = Activos / Pasivos

El ratio de solvencia se calcula dividiendo los activos de la empresa entre sus pasivos, donde los activos son el conjunto de bienes en su poder, y los pasivos el conjunto de deudas y obligaciones de pago. El resultado te dará el valor de los activos con respecto de los pasivos:

  • Si es mayor de 1, la empresa dispone de activos suficientes para saldar sus deudas si fuera necesario, por tanto hablaríamos de una situación de solvencia.
  • Si es menor de 1, por el contrario, la empresa no dispone de activos suficientes para afrontar sus obligaciones, por lo que estaría en situación de insolvencia.

Por ejemplo, si el ratio es de 1,2 quiere decir que, por cada 100 euros de deudas, la empresa dispone de 120 en activos, o lo que es lo mismo: dispone de 120 euros en activos por cada 100 euros en pasivos. En cambio, si el ratio es de 0,8, la empresa solo dispondría de 80 euros en activos por cada 100 de deuda. Tendría, por tanto, problemas de solvencia.

El ratio de solvencia es uno de los indicadores más importantes de la salud financiera de una empresa. A partir de una fórmula sencilla, es posible conocer si la compañía se encuentra en estado de quiebra o de equilibrio, o si tiene un exceso de activos improductivos.

Interpretar el ratio

Sea como fuere, lo óptimo es que el ratio sea de 1,5, ya que supondría que la empresa no solo podría afrontar sus deudas de ser necesario, sino que además, podría disponer de liquidez. No obstante, también sería problemático disponer de un ratio superior, pues eso podría significar que la empresa dispone de activos improductivos, es decir, que no se están invirtiendo. En otras palabras, la compañía dispone de activos con los que no está produciendo ganancia, e incluso que podrían estar depreciándose sin estar haciéndolos servir.

En cualquier caso, es encarecidamente recomendable que se compare el resultado con el ratio medio del sector, para poder ponerlo en perspectiva adecuada. Y es que cada industria dispone de un estándar, y el equilibrio podría hallarse en otro resultado.

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