Con las malas noticias que se llevan arrastrando durante las últimas semanas, tan solo era cuestión de tiempo que los mercados cedieran.
Pues a la inflación y subida de tipos, así como a la crisis energética y política que se ha desatado tras el inicio de la guerra entre Ucrania y Rusia, ahora hay que añadir que el banco central de Inglaterra (BoE) ha tenido que salir a inundar de crédito el sistema financiero británico, para que su sistema de fondos, donde los ingleses guardan más del 70% de lo que será su pensión futura, no quebrara.
Toda esta acumulación de malas noticias, hizo que tanto el S&P500, como el NASDAQ (dos de los principales índices de referencia mundiales) perdieran dos importantes soportes que tenían fijados cerca del cierre de la sesión del viernes. El primero en torno a los 3.600 puntos, y el segundo en torno a los 10.800, y ya ambos se encuentran muy cerca de la situación en la que estaban antes de la pandemia, pero esta vez sin oxígeno y con tendencia bajista.
Queda por ver dónde estará el suelo final y cuanto tiempo queda. No obstante, un hecho que ha ocurrido en cualquier gran crash bursátil, es que no hay capitulación final, hasta que un gran banco declara el default. En 2008 llegó con la caída de Lehman Brothers, y hoy ya empiezan a sonar candidatos. Credit Suisse (CSGN), por ejemplo, se encuentra en una situación “crítica” en palabras de su CEO, Ulrich Koerner.
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