¿Qué es lo que hace una empresa cuando necesita más dinero para financiar sus proyectos de inversión y no es suficiente con extraer capital de su caja, reservas o beneficios?
Ciertamente, y más allá del endeudamiento -a través de préstamos-, dispone de dos caminos con resultados muy dispares para el accionista. Veamos esto con dos ejemplos.
La cara A: Amazon busca respetar a sus accionistas
Amazon (AMZN) necesita financiar la gran apuesta que tiene por delante, una inversión en infraestructura de inteligencia artificial y centros de datos que podría rozar los 200.000 millones de dólares solo en 2026. Para sufragarla, la compañía fundada por Bezos ha optado por la vía de la deuda corporativa, lanzando una emisión de bonos en ocho tramos con la que espera captar al menos 25.000 millones de dólares.
La decisión no es casual, ya que emitir deuda para conseguir fondos frescos tiene una ventaja clara para el accionista actual, ya que su porcentaje en la compañía permanece intacto. O dicho de otro modo, no lo diluye.
Con todo, la empresa de entregas y centros de datos pedirá prestado ese dinero y lo devolverá pagando un cupón durante años, con vencimientos que van de tres a cuarenta años, mientras confía en que la inversión en IA genere el flujo de caja necesario para saldar la deuda sin que el número de acciones en circulación se mueva ni un ápice.
Ahí está la clave de toda la operación. El riesgo de que la apuesta salga bien o mal lo asume la propia empresa, no el accionista.
La cara B: Rivian “pide capital” a sus accionistas
Rivian (RIVN), por su parte, ha elegido el camino contrario.
Con la idea de financiar la construcción de su planta en Georgia, la compañía ha optado por la emisión de nuevas acciones, anunciando una oferta pública totalmente suscrita de 75 millones de acciones ordinarias Clase A a 20,14 dólares por acción, con los suscriptores contando además con una opción a 30 días para adquirir hasta 11,25 millones de acciones adicionales.
Y más allá de los detalles, esto sí que tiene un efecto inmediato sobre el accionista actual, porque para mantener su mismo porcentaje en la compañía se ve obligado a comprar acciones nuevas en esa misma proporción. Dicho de otro modo, la operación fuerza a invertir más en Rivian o, si no se hace, diluye la participación de quien ya es accionista.
En consecuencia, semejante operación se ha saldado con un nuevo castigo en su cotización, en una acción que no logra levantar cabeza desde que retrocedió más de un 80% desde máximos.
En definitiva, la cara A y la cara B. Mientras Amazon ha decidido financiar parte de su inversión con un escrupuloso respeto por el accionista actual, a través de la emisión de bonos corporativos, Rivian ha optado por pedírselo directamente a él, vía ampliación de capital, a cambio de promesas futuras. Dos formas de obtener capital inmediato, en las que solo una de ellas pasa factura al accionista desde el primer día.
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