Bitcoin volvió a abrir una sesión por debajo de los 60.000 dólares, prolongando una caída  que ya es superior al 50% desde máximos de principios de año. Ahora bien, en este contexto cabe preguntarse, ¿esta sangría está cerca a su punto final o todavía queda recorrido a la baja?

El ciclo a la baja de Bitcoin

Para responder hay que mirar atrás. Pasado el ecuador del quinto gran ciclo de Bitcoin, la historia parece repetirse por quinta vez casi calcada. La criptomoneda reina es conocida por encadenar expansiones muy agresivas tras cada halving y caídas abruptas cuando el ciclo entra en su fase intermedia, justo donde nos encontramos ahora con ese retroceso de más del 50%. 

Pero eso sí, el desplome es cada vez menos profundo. Así pues, los retrocesos han ido reduciéndose conforme el mercado maduraba, desde 94% al 87% (primer y segundo halving), luego al 84% (tercero), después al 77% (cuarto), y potencialmente entre el 60% y el 70% de este ciclo.

¿Dónde está el suelo de Bitcoin?

Por ende, aunque estamos cerca del suelo de Bitcoin, todavía podría quedar una última capitulación. 

La macroeconomía justifica la caída

A todo ello se suma un argumento de fondo de mayor peso. En un entorno de expectativas de tipos de interés al alza, las noticias rara vez son buenas para los valores tecnológicos o las criptomonedas. No es casualidad, por tanto, que entre los detonantes de la caída figuren las salidas de capital de los ETFs de Bitcoin, la posibilidad de tipos más altos en lo que resta de año, un dólar más fuerte y un creciente apetito inversor por las acciones ligadas a la IA, estas sí con beneficios presentes y tangibles.

Flujo del dinero sobre los ETFs de Bitcoin
Salidas de capital de los ETFs de Bitcoin durante las últimas semanas

La mecánica es la de siempre. El encarecimiento del precio del dinero suele pesar sobre los activos de riesgo, porque el inversor pasa a valorar más los flujos de caja del presente —empresas defensivas que reparten dividendos, bonos e incluso cuentas remuneradas— que las promesas de flujos futuros, que es justo donde se ubican la disrupción tecnológica y el universo cripto.

Dicho de otro modo, cuando los tipos se mantienen elevados, el inversor tiende a refugiarse en liquidez, bonos o en esas vacas lecheras que exprimir antes que en activos volátiles.

¿Podría ser su último ciclo natural?

Pero aquí es donde entra la verdadera incógnita de fondo. 

Con cada halving, la recompensa por bloque de Bitcoin se reduce a la mitad. Es decir, tras cada halving los mineros ganan la mitad de BTC por minar un bloque, y los más débiles que no cubren costes operativos acaban vendiendo reservas, lo que añade presión vendedora a corto plazo. 

En consecuencia, el problema es de largo plazo. Si cada las recompensas se reducen a la mitad, ¿cómo podrá sobrevivir la red de aquí a 10 años? En apenas un par de halvings. 

La respuesta está en que buena parte del flujo de Bitcoin deberá pasar a convertirse en un activo de intercambio por el que cobrar comisiones por validar operaciones, más que en una especie de reserva de valor, u oro digital.  

Por ejemplo, hacia 2035, cuando se reciban unos 0,78 BTCs por validar un bloque -frente a los 3,125 BTCs de hoy-, será difícil que el incentivo de la emisión por sí solo sostenga el interés por procesar transacciones. Bitcoin tiene un tope máximo de 21 millones de monedas, y a fecha de 2026 quedan por minar poco más de 1,3 millones, menos del 7% del suministro total. 

Por ende, el relevo natural serán las comisiones cobradas por validar transacciones, un modelo de negocio que recuerda al de las redes de pago como Visa (V) o Mastercard (MA), donde el ingreso no viene de emitir, sino de mover el dinero ajeno. 

Esa transición será, el verdadero examen de madurez del activo. Mientras tanto, los próximos meses dirán si el suelo está cerca. Firmas de análisis on-chain y expertos en ciclos convergen de forma independiente en el cuarto trimestre de 2026 como la ventana de mayor probabilidad para encontrar el suelo.

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