La nueva escalada entre Washington y Pekín se librará en otro sector clave; los semiconductores. El presidente Donald Trump firmó la semana pasada una orden ejecutiva que prohíbe a Nvidia (NVDA) exportar a China su chip más avanzado. El Departamento de Comercio justifica el veto alegando que el gigante asiático estaría empleando estas unidades para entrenar DeepSeek, el modelo de IA de código abierto que ha crecido al calor de las grandes tecnológicas chinas.
En consecuencia, el problema no es menor. Tanto es así que la propia Nvidia calcula que el golpe directo ascenderá a 5.500 millones USD en ventas perdidos este año, tras facturar unos 17.000 millones en China durante 2024, es decir, aproximadamente el 13 % de sus ingresos globales.
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Pekín contraataca en los cielos
Pero el gobierno popular no se quedó atrás y la Administración de Aviación Civil de China (CAAC), ordenó a las aerolíneas nacionales suspender las nuevas entregas y cualquier compra adicional de aviones Boeing (BA). El veto coincide con la imposición de aranceles chinos del 125 % a los aviones estadounidenses, reacción simétrica a los gravámenes de hasta 145 % anunciados por Trump sobre importaciones chinas. Y el primer efecto visible no se ha hecho esperar con la devolución a Seattle de un 737 MAX pintado con los colores de Xiamen Airlines. No obstante, todo apunta a que este será el primero de muchos.
¿Cuánto se juegan Nvidia y Boeing?
Por el lado de la empresa californiana, aunque ha diversificado su cartera —sólo un 13 % de sus ventas procede ya de China— el veto afecta al H20, pieza clave en la adopción de DeepSeek y de los servicios cloud de Tencent. Analistas de Citi estiman que la compañía perderá entre 5.000 y 6.000 millones USD de facturación anual, lo que equivale al 30 % del volumen que generaba en Asia‑Pacífico. No obstante, desde la compañía afirman que el impacto en márgenes será limitado a corto plazo, porque la demanda de GPU de alto rendimiento -su principal línea de negocio- en EE. UU. y Oriente Medio sigue superando de lejos a la oferta.
Ahora bien, otra cosa ya es el caso de Boeing, cuyo golpe puede ser mucho más profundo. Es cierto que la ventas de Boing en China apenas supone el 2 % de la cartera pendiente, pero el fabricante todavía tiene 236 pedidos firmes en poder de aerolíneas chinas —valorados por la consultora IBA en más de 15.000 millones USD— y unos 130 aparatos en distintas fases de producción.
Aunque parezca poco, si el embargo se prolonga, Boeing podría dejar de ingresar hasta 7.000 millones sólo por los aviones ya ensamblados, sin contar el flujo de mantenimiento asociado a 20 años de vida útil. En cualquier caso, desde la dirección del fabricante de aerolíneas, ya han anunciado que buscarán redirigir esos contratos a otros mercados emergentes como la India u otros países de Oriente Medio.
¿Qué efectos podrían tener ambos embargos comerciales sobre sus acciones en bolsa?
Lo cierto es que como estamos en un momento en que la bolsa se mueve a golpe de noticia y tweet, seguimos con un baile infinito. Por ejemplo, la noticia desplomó en una sola sesión un 6,3 % las acciones de Nvidia y borró 160.000 millones de capitalización, aunque los inversores confían en un trasvase de pedidos hacia el nuevo chip Blackwell para grandes centros de datos estadounidenses. Entre tanto, AMD, que también vende su MI308 a China, retrocedió un 7%.
Por su parte, Boeing cedió un 2,4 % en Wall Street; pero el mayor temor ya no es solo las ventas perdidas -que obviamente también-, sino el efecto reemplazo. De hecho en estos momentos, donde deberían estar mirando los inversores que buscan máximos históricos es en el constructor europeo Airbus (AIR)—dueño ya del 63 % de los pedidos chinos pos‑MAX— y que amenaza con quedarse con la hegemonía mundial de los cielos.
E incluso existe un incipiente constructor chino, COMAC, que podría robarle a Boing en Asia su cuota de mercado, dada su delicada situación financiera. En definitiva, lo malo de las guerras entre dos contendientes es que de entrada no generan ganadores, solo perdedores. Precisamente por ello, las empresas y políticos europeos, deberían aprovechar este impás comercial de EEUU, para posicionarse como foco mundial del comercio, y de hecho, las subidas de sus mercados durante 2025, parecen descontar ese escenario.
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