Warren Buffett abandonó la presidencia del consejo de administración de Berkshire Hathaway (BRK.A), del conglomerado que gobernó durante seis décadas.

A sus 96 años asumirá la función meramente representativa de presidente emérito conservando su asiento en el consejo, mientras su hijo mayor, Howard Buffett, ejercerá la presidencia. Por su parte, Greg Abel, consejero delegado desde enero de 2026, mantendrá la gestión operativa y la asignación de capital.

Warren Buffet, Howard Buffet y Howard Warren Buffet

De izquierda a derecha: Warren Buffett, su hijo Howard Buffett, y su nieto Howard Warren Bufett

El último mensaje del maestro

De esta forma, el reparto de roles queda configurado tal que Abel opera, Howard —consejero desde 1993— custodia la cultura y Warren observa desde el consejo sin presidirlo. «La cultura que Warren construyó y los valores que defendió seguirán en el centro de Berkshire», declaró Abel en un comunicado.

En la carta que acompañó al anuncio, el inversor explicó el porqué del momento con una anécdota personal “Cumplí 96 años el pasado agosto y comprobé que uno de mis bisnietos, recién llegado al año de vida, se movía ya más rápido que yo”. En el mismo añadió, que «el Padre Tiempo siempre gana», matizando de inmediato que a pesar de todo con él había sido generoso.

Pero el Oráculo de Omaha no podía irse sin atizar en parte al establishment. Y no en vano, ya en la junta de 2025 alertó de que «La tendencia natural de los gobiernos, históricamente, es hacer que la moneda no valga nada con el tiempo», y  sentenció que no existe sistema capaz de vencer a esa dinámica.

Una carrera incomparable

Se despide del teatro el mago de la inversión, quien demostró ser capaz de obtener una rentabilidad media cercana al 20% durante más de 60 años (entre 1965 y 2024), el doble de lo que fue la rentabilidad histórica del S&P 500 con dividendos incluidos. Traducido a acumulado, la acción se revalorizó más de un 5.500.000% desde que Buffett tomó el control, frente al 39.000% del índice.

BUFFET VS S&P 500

Así pues, con la que llegó a calificar como «la inversión más absurda» de su vida, llegó a levantar  un conglomerado con participaciones en varias de las empresas más grandes del mundo, entre ellas  American Express (AMEX), Coca-Cola (KO), General Electric (GE), Heinz (KHC), Johnson & Johnson (JNJ), Moody’s (MCO), Procter & Gamble (PG), WallMart (WMT) y la que durante la última década fue su gran apuesta, Apple (AAPL), que durante ciertos momentos llegó a pesar el 42% de su cartera.

Pero el dato que mejor resume su método no es la rentabilidad, sino el largo plazo. Cerca del 99% de su patrimonio lo acumuló después de cumplir los 65 años. No cambió de estrategia al envejecer. Simplemente dejó que el interés compuesto hiciera su trabajo durante setenta años seguidos.

De todo ello destilan tres máximas que siguen siendo el mejor resumen de su escuela:

  • Invierte solo en negocios que comprendas, por eso siempre se mantuvo alejado de Bitcoin y todo el ecosistema cripto.

  • Comprar valor y no precio, porque una gran empresa cara sigue siendo mejor negocio que una mediocre barata.

  • Y exige siempre margen de seguridad, el colchón que separa lo que pagas de lo que realmente vale.

Con todo, cierra su etapa al frente de Berkshire, habiendo llevado la vieja fábrica textil -reconvertida en holding de inversión- al top 15 de empresas más grandes del mundo, y con la confianza de dejar su legado en manos de su hijo y Greg Abel, afirmando del segundo que pese a que sus expectativas eran altísimas desde el principio, todas ellas la fue superado.