Jackson Hole prometía respuestas y dejó, sobre todo, una advertencia. En su primer discurso como presidente de la Reserva Federal en el simposio de Kansas City, Kevin Warsh renunció a dar una orientación acerca de los tipos de interés -el verdadero interés de los mercados- y, a cambio, endureció su diagnóstico sobre unos precios que llevan meses estancados muy por encima del objetivo.

Warsh jura ante la inflación

Warsh utilizó su intervención para insistir en que frenar la inflación es la prioridad absoluta del banco central, y lo hizo con un lenguaje más duro que el empleado tras la reunión de julio. El presidente de la Fed ya había avisado de que «no hay un objetivo de inflación flexible», y en Wyoming reafirmó el 2% del IPC como un «firme y fijo». 

Los números respaldan la incomodidad. El IPC de julio avanzó un 0,2% mensual y situó la tasa interanual en el 3,7%, una décima por encima del consenso, mientras el IPC subyacente repetía en el 3,3%, sin cambios frente a junio. En otras palabras, la desinflación no ha empeorado, sencillamente se ha parado a 1,7 puntos del objetivo.

Inflacion

Aún así, pese a los datos de este verano, Warsh admitió que fueron mejores de lo esperado, pero matizó que «no dicen que las tendencias de fondo hayan mejorado de forma significativa». Una frase que abre la puerta a una subida de tipos, algo impensable hace unos trimestres. Pero sobre todo, repartió responsabilidades hacia dentro, al atribuir al propio banco central los 65 meses de inflación elevada acumulados. 

Y la renta fija lo absorbió al instante, de hecho la rentabilidad del Treasury a dos años subió al 4,28% desde el 4,23% previo, y los inversores elevaron por encima del 66% la probabilidad de un alza de tipos en la reunión del 15 y 16 de septiembre,  a través del mercado de futuros.

Fed Fund Future

Mientras tanto, el petróleo no da tregua

El problema de Warsh es que la variable que más presiona el IPC no depende de él. Y tras los últimos ataques estadounidenses contra la isla iraní de Larek, en pleno estrecho de Ormuz, el Brent subía cerca de un 3% y superaba los 90 dólares por barril (con el WTI avanzando un 2,6% por encima de los 85 dólares).

Grafico Brent crude oil

Así pues, para contrarrestar el enésimo giro hostil contra el país persa, Trump anunció a través de su red social Truth Social un pacto energético con Venezuela que calificó como «el mayor acuerdo petrolero de la historia mundial», con control mayoritario estadounidense sobre más de 65.000 millones de barriles de reservas. De hecho, el acuerdo incluye una participación del 55% en una empresa conjunta con un operador privado venezolano, y una concesión a cien años.

Pero aún así, la aritmética invita a la prudencia, ya que las reservas en el subsuelo no son barriles en el mercado. Hoy, Venezuela produce alrededor de 1,2 millones de barriles diarios, muy lejos de los 3,5 millones que bombeaba antes de la etapa chavista, de modo que cualquier recuperación exigirá años de inversión y capacidad de refino para un crudo que resulta demasiado pesado.

Warsh exigió que los precios manden sobre la política monetaria. El problema es que hoy los precios los está marcando un estrecho de 39 kilómetros de ancho.